viernes, 30 de marzo de 2012


1.4-. La sociedad Colonial











La conquista rompió en mil pedazos el mundo indígena.





Los europeos intentaron imponer nuevas creencias, costumbres y actividades y, dentro de esta nueva forma de vida, los indígenas quedaron en una posición de desamparo social.





Las empresas españolas dependían totalmente de la mano de obra indígena. En buena medida por esta razón, nunca hubo una decisión abierta de exterminar a la población indígena. Sin embargo, durante los 300 años que duró el periodo colonial, disminuyó en un 90% la población autóctona. Muchísimos indígenas murieron de enfermedades desconocidas en América y traídas por los europeos (como la viruela). Por otro lado, el terrible choque moral y físico de la conquista provocó que muchas mujeres indígenas dejaran de procrear, o se practicaran abortos, para impedir que sus hijos nacieran en las condiciones que sufrían sus familias. También hubo suicidios y una gran cantidad de muertes provocadas por excesivas cargas de trabajo. Poblaciones completas de indígenas prácticamente desaparecieron de las franjas costeras a causa de enfermedades tropicales y por condiciones inhumanas de vida que ahí se daban.





Antes de la conquista existía todo un abanico social entre la población indígena, pero a partir de la Colonia esta pluralidad se uniformó en un solo nivel: todos se convirtieron en tributarios. A pesar de ello, en algunos casos los españoles reconocieron diferencias entre los indígenas plebeyos y nobles. Caciques y nobles funcionaron como instrumento de los españoles para manejar y administrar a las masas indígenas y en ocasiones eran los representantes de éstas ante los españoles. A cambio, los indios principales recibían beneficios, como porciones de tierras, se les permitía montar a caballo, podìan vestirse como los españoles, podían conservar sus riquezas, etcétera. Algunos de estos indígenas eran más ricos que muchos españoles aunque en la escala social siempre estuvieron por debajo de estos.





Durante el siglo XVIII la población indígena continúa creciendo con lentitud, a pesar de problemas transitorios como la plaga de 1736, cuyos efectos se sintieron hasta 1739. De todas maneras, los cálculos y estimaciones de que se disponen en 1742 muestran un incremento que tomaría mayor dinamismo en la segunda parte del siglo.





Posiblemente este movimiento tenga varías explicaciones, que van desde la migración de un centro a otro con el fin de evadir la carga tributaria hasta el hecho de que varias de las jurisdicciones señaladas presentaban mejor oportunidad de elevar el nivel de vida, sin dejar de lado las consideraciones de tipo ecológico.





Al final del periodo colonial los habitantes catalogados como indígenas llegaron a representar casi 90% de la población total. Este crecimiento, por otro lado, contribuyó a que durante el siglo XVIII proliferaran tensiones agrarias, pues la transferencia de tierras continuó en favor del grupo español a costa de las comunidades. De esta manera, las disputas se extendieron entre hacendados y pueblos o entre los mismos pueblos, e incluso entre los residentes de una misma comunidad.














Por su parte, la formación de la estructura social durante la época colonial atravesó por un intenso movimiento en el que participaron grupos de la más diversa procedencia a partir del proceso de conquista, aunque en distintas proporciones y de acuerdo con las características propias de cada región. En el conjunto del espacio colonial, las áreas nucleares que mantenían la más alta población aborigen, al momento de producirse la Conquista española, seguían conservando en el siglo XVIII una clara mayoría de indígenas entre la población total, nivel que alcanzó un promedio de 60 y 75% en Perú, Guatemala y la Nueva España, aunque hubo áreas en las cuales al finalizar el siglo XVIII los indígenas representaban hasta 92% o más de la población total. Para el caso novohispano parece seguro ahora que las regiones bajo el dominio azteca mantenían un fuerte carácter indio; que en el territorio de la Nueva Galicia y el que correspondió a los tarascos, los indios y los no indios participaban de un porcentaje similar, y que la franja hacia el norte, que fuera colonizada después de la Conquista, poseía un conglomerado racial en el que los indios estaban escasamente representados. Sin embargo, en México existieron claras diferencias dentro y entre las distintas unidades geográficas menores, como las jurisdicciones, las parroquias y los pueblos.











Una de las características particulares de la vida económica y social de los valles centrales fue la articulación de un número grande de pueblos y ciudades a la capital. En los centros cuya población oscilaba entre los 2 000 y los 10 000 habitantes, tales como Toluca, Taxco, Otumba, Chalco y otros, el papel desempeñado por la justicia provincial frecuentemente significó el pivote del comercio regional, articulándose, de esta manera, justicia- comercio en un mismo agente. En el siglo XVIII, cuando la economía entró en una nueva fase de rápida expansión con la nueva alza de la producción de plata, la combinación entre expansión comercial y crecimiento de la población produjo nuevas presiones en las relaciones comerciales, aunque sin llegar a la violencia generada por la pobreza rural.





Por otra parte, el funcionamiento de la sociedad colonial implicó que los indígenas, aunque eran considerados legalmente superiores a los mestizos, y en especial a los africanos, ocuparan una posición social inferior, pues las castas hablaban español y de éstas salieron criados, esclavos o asalariados del grupo español, hecho que los hacía aparecer, "a los ojos de los indígenas, como reflejos de la autoridad de sus amos", pues incluso el cacicazgo legítimo al finalizar el periodo colonial tenía poco significado. Humboldt, a principios del siglo XIX, hacía notar que los caciques apenas se distinguían en esa época de la masa de la población indígena en su modo de vida y en sus bienes, contrariamente a lo que parece haber ocurrido en los primeros tiempos.









Transformaciones sociales.





Nueva España, deja de ser un lugar colonizado y de avanzado para los españoles, y se convierte en un país. Se crea la hacienda, como centro productor y centro de vida autosuficientes; se configuran nuevos complejos económicos.





Los encomiendas.





En cuanto a servicios religiosos la encomienda siempre fue muy deficiente, en lo que toca a Mercedes de encomiendas, la corona más bien confirmo, no siempre que buen grado, lo que aquí se había hecho. La corona hizo esfuerzos por evitar la aparición de nuevas encomiendas y su continuidad, así como hacer que los tributos de indios entraran al Real erario.





En el XVII la encomienda se encontraba en total decadencia, desde 1570 en adelante los encomenderos no gozaban del servicio personal de sus encomendados.





Así surgió el repartimiento; servicio retribuido con un salario. Los hacendados optaron en muchas ocasiones por pagar el tributo al encomendero, y alegaban que los indios preferían estar en la hacienda y no en los pueblos sujetos a encomienda.





La abolición legal y definitiva de la encomienda en el siglo XVIII fue un hecho ya consumado en el XVII












1.5-.Reformas Borbónicas:





Las 'Reformas Borbónicas' fueron los cambios introducidos por los monarcas de la dinastía borbónica de la Corona Española: Felipe V, Fernando VI y, especialmente Carlos III; durante el siglo XVIII, en materias económicas, políticas y administrativas, aplicadas en el territorio peninsular y en sus posesiones ultramarinas en América y las Filipinas.


Estas reformas de la dinastía borbónica estaban inspiradas en la Ilustración y, sobre todo, se enmarcan dentro del nuevo poder de las elites locales y aumentar el control directo de la burocracia imperial sobre la vida económica. Las reformas intentaron redefinir la relación entre España y sus colonias en beneficio de la península. Aunque la tributación aumentó, el éxito de las reformas fue limitado; es más, el descontento generado entre las elites criollas locales aceleró el proceso de emancipación por el que España perdió la mayor parte de sus posesiones americanas en las primeras décadas del siglo XIX.


  Carlos III fue el principal ejecutor de las reformas                                        





a)       Expulsión de los jesuitas: 





 Una de las principales instituciones afectadas por el despotismo ilustrado español fue la Iglesia Católica, ya que la Corona pretendió afirmar el poder secular sobre el religioso. Esto incluía la restricción de los privilegios y exoneraciones fiscales que gozaban las órdenes religiosas. Fueron los jesuitas los que más se opusieron al proyecto centralizador de los borbones, por lo que fueron expulsados de España y sus posesiones ultramarinas en 1767. En este año, Carlos III decretó la expulsión de la Compañía de Jesús. Las reformas borbónicas llegaron del exterior, concretamente de la corte imperial de Madrid; llegaron de fuera como llegó la conquista en el siglo XVI. Afectaron todo el imperio, pues no eran sólo para la Nueva España y el Perú. El objetivo último de los monarcas de Borbón era la sujeción de las colonias para beneficio económico de la metrópolis: corregir las fugas fiscales y promover la producción para aumentar así la recaudación de impuestos. Para lograrlo se necesitaba reformar instituciones y procedimientos viciados —a juicio de los reformadores— que se habían incrustado en las sociedades coloniales y con los que ciertos grupos de privilegiados medraban al amparo de la debilidad de los gobernantes de la casa de Habsburgo. El Consulado de Comerciantes, algunas corporaciones religiosas como la Compañía de Jesús y la misma institución del virreinato fueron el blanco de los golpes de los reformadores...






Ruinas de San Ignacio



b)        Descontento contra la reformas    







Antes de tomar medidas para la Nueva España, el gobierno español decidió, primero que nada, organizar una inspección militar (1769) y una visita general a las oficinas virreinales (1765), aunque estas dos medidas provocaron una división entre las autoridades coloniales. Con la llegada de José de Gálvez, con carácter de visitador general las tensiones aumentaron, hasta que sale en 1771 de la Nueva España. De su visita resultó la nueva división política del territorio en intendencias y comandancias de provincias internas, el aumento al triple de las rentas públicas, la reducción de restricciones al comercio, la fundación del obispado de Sonora y la Academia de Bellas Artes. El visitador inicia una segunda reorganización del ejército e intenta establecer una nueva modalidad en las milicias provinciales. Toma medidas intrascendentes que fracasan y sólo hacen perder dinero. La economía de la Nueva España es cargada con los cuantiosos gastos que provocaban los preparativos militares para el conflicto en América del Norte. La recuperación de La Habana (1763) y las medidas para modernizar sus defensas se transformarían en la insaciable boca que engulle Nueva España no se basta para producir: dinero, hombres, pólvora, carne, maíz, arroz, habas y harina. En Veracruz enfermaban los cientos de reos que esperaban para ser llevados a trabajar en la isla. Se calcula que las obras de fortificación de la isla requirieron del envío de más de 5 mil trabajadores novohispanos. La quiebra del erario se fue agudizando debido al aumento de los gastos, provocados por el mantenimiento de las tropas y trabajadores en La Habana. Ante esto, las tensiones sociales aumentan y comienza a organizarse la oposición. El Gobierno de Carlos III recibe desde 1766 noticias, las que considera sin fundamento, sobre el supuesto espíritu de rebeldía existente en la nueva España, y sobre un plan de insurgencia que contaba con el apoyo de Inglaterra.



















c)        Efecto socioeconómico de las reformas





Como es de suponerse, las reformas económicas trajeron consigo múltiples efectos y consecuencias, tanto positivas como negativas. El gobierno español tomó diversas medidas para explotar al máximo los recursos de la colonia, con el propósito de generar mucha más materia prima para la metrópoli. Con las reformas borbónicas se tocaron todas las áreas principales en la Nueva España, entre ellas se encontraba la minería. También estaban la agricultura, el comercio (pequeño) y algunas empresas de manufactura. Obviamente hubo beneficios, se permitió ampliar los negocios entre ciertas colonias (Trinidad, Margarita, Cuba, Puerto Rico). La medida que mayores desajustes provocó en la Nueva España fue la real cédula de 1804 sobre la enajenación de bienes raíces de las corporaciones eclesiásticas, que desató reacciones violentas en contra del gobierno español.








Para la Nueva España, la aplicación de la cédula aparte de provocar una severa crisis de capital, agrietó considerablemente las relaciones entre la Iglesia y el Estado; desde entonces esos dos poderes no sólo rompieron los lazos de unión que tuvieron en el pasado, sino que se convirtieron en facciones antagónicas. Las reformas borbónicas también afectaron al Consulado de Comerciantes de la ciudad de México; esta corporación, que había acaparado el comercio exterior e interior del virreinato por medio del sistema de flotas y del control de los puertos, perdió su enorme monopolio con la expedición de las leyes sobre la libertad de comercio. Al mismo tiempo, la supresión de los alcaldes mayores, agentes comerciales del Consulado en los municipios del país y en las zonas indígenas, acabó con la red de comercialización interna y rompió el lazo político que permitía a los comerciantes de la capital controlar los productos indígenas de mayor demanda en el mercado exterior e interior.














Al parecer los reformadores borbónicos, encabezados por Gálvez, no tenían una visión completa del funcionamiento del sistema económico en la Nueva España. Aunque es cierto que muchos alcaldes mayores eran corruptos y abusaban de su autoridad, el repartimiento del comercio era mucho más que un mero mecanismo de explotación; constituía el más importante sistema de crédito para las comunidades indígenas y los pequeños agricultores. Los alcaldes mayores se beneficiaban porque proporcionaban a crédito servicios necesarios: distribuían semillas, herramientas y otros bienes agrícolas básicos; facilitaban la compra o la venta de ganado, y con frecuencia vendían los productos de algunos grupos que quizá no hubieran encontrado otra forma de colocar su producción. Todo esto fue interrumpido con el decreto que suprimía las funciones de los alcaldes mayores. También crearon escuelas e instituciones para ayudar y enseñar a los caciques y criollos.





UNIDAD 2






El Movimiento de independencia 1810-1821





El período de la historia de México conocido como Guerra de Independencia empieza, estrictamente hablando, el 16 de septiembre de 1810 cuando el insurgente Miguel Hidalgo da el llamado "Grito de Dolores" y termina el 27 de septiembre de 1821 con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. La idea detrás del movimiento independentista era liberarse del gobierno español y dejar de ser un virreinato. Esta etapa da fin a la llamada época colonial de México.


 



2.1Causas internas y externas





Pueden ser consideradas como causas internas aquéllas que se originaron en el interior de la sociedad mexicana como resultado de su propio desarrollo histórico, y se caracterizan por destacar algunos aspectos negativos de la acción colonizadora española. En general, todos estos posibles motivos fueron señalados desde los primeros momentos del proceso independentista, a veces por los mismos protagonistas de los acontecimientos, por lo que suelen tener una intención más justificativa que explicativa





Internas:


Cuando se atribuye el deseo de independencia a la corrupción administrativa y la inmoralidad burocrática por parte de las autoridades españolas, o a la relajación de las costumbres del clero, se trata de destacar algunos casos, que sin duda fueron tenidos en cuenta por los patriotas, pero a los que no puede atribuirse un carácter generalizado a toda la administración y a todos los territorios.




En México, también el bajo clero, como muestra la destacada participación de los sacerdotes Miguel Hidalgo y José María Morelos, colaboró con los revolucionarios y tuvo una participación destacada en la independencia. Otras posibles causas aducidas reiteradamente, como la crueldad y el despotismo con que eran tratados los indígenas y las restricciones culturales impuestas por las autoridades españolas, están en abierta contradicción con algunos datos de la realidad.




En el virreinato de la Nueva España, muchos indígenas militaron en el bando realista, lo que dio a los enfrentamientos en esos territorios un carácter de verdadera guerra civil. La existencia de universidades en muchas de las más importantes ciudades hispanoamericanas, así como la formación cultural en las mismas de los propios caudillos independentistas son otros tantos argumentos en contra de la generalización de las razones mencionadas, necesitadas de precisiones que alteran considerablemente su interpretación, como sucede con la rivalidad entre criollos y españoles, con la consiguiente postergación de aquéllos, y el establecimiento de un régimen de monopolios, gabelas y trabas, que dificultaba el desarrollo de la economía americana y frenaba el crecimiento de su capacidad productiva.





La legislación española no diferenciaba entre los españoles peninsulares y americanos, por lo que el problema se planteaba, igual que en España, entre los naturales de una región, provincia o reino que aspiraban a ocupar los puestos de la administración en su tierra y los
que provenían de otras zonas, ocupaban los cargos y desplazaban a los naturales, generalmente por residir en la corte o tener valedores en ella. En cuanto al sistema económico, su influencia se vio disminuida por el incumplimiento sistemático de la normativa, el contrabando y la escasa capacidad industrial de los territorios americanos. Más bien fueron las medidas económicas de carácter liberal que venían implantándose desde el siglo XVIII las que estimularon en la burguesía criolla un creciente deseo de libertad mercantil.

Mayor importancia que las mencionadas hasta aquí tuvieron las siguientes causas:


a) La concepción patrimonial del Estado, toda vez que las Indias estaban vinculadas a España a través de la persona del monarca. Las abdicaciones forzadas de Carlos IV y Fernando VII, en 1808, rompieron la legitimidad establecida e interrumpieron los vínculos existentes entre la Corona y los territorios hispanoamericanos, que se vieron en la necesidad de atender a su propio gobierno.




b) La difusión de doctrinas populistas. Desde santo Tomás de Aquino hasta el español Francisco Suárez, la tradición escolástica había mantenido la teoría de que la soberanía revierte al pueblo cuando falta la figura del rey. Esta doctrina de la soberanía popular, vigente en España, debió de influir en los independentistas tanto como las emanadas del pensamiento ilustrado del siglo XVIII.




c) La labor de los jesuitas. Las críticas dirigidas por los miembros de la Compañía de Jesús a la actuación española en América después de su expulsión de España en 1767, plasmadas en abundantes publicaciones, tuvieron gran importancia en la generación de un clima de oposición al dominio español entre la burguesía criolla.




d) Las enseñanzas impartidas por las universidades y el papel desarrollado por las academias literarias, las sociedades económicas y la masonería. La difusión de ideas liberales y revolucionarias contrarias a la actuación de España en América ejerció una gran influencia en la formación de algunos de los principales líderes de la independencia, cuya vinculación con la Logia Lautaro les proporcionó el marco adecuado para la conspiración.





Sociales: Las internas correspondieron, primero, a la desigualdad social; los criollos se sentían relegados a un segundo plano por los peninsulares, y fueron aquéllos los que dirigieron la revolución; los mestizos no eran tomados en cuenta debido a que en su gran mayoría eran fruto de relaciones ilegítimas; los indígenas, protegidos por las leyes de Indias, querían emanciparse de este tutelaje; las castas se encontraban en condiciones inferiores por su propio estado natural y en general el descontento era unánime. España ya no era la nación unitaria en su moralidad y costumbres, pues los borbones habían llevado una conducta política extraña.





Económicas: España había considerado siempre a América como parte de ella misma, y por ende había dejado en pie un sistema de monopolios, estancos y barreras que tendían a impedir el libre comercio exterior. Los impuestos eran muy elevados y España estaba en decadencia.








Las causas externas





Pueden ser consideradas como causas externas aquellas que actuaron sobre el proceso independentista desde fuera de los dominios imperiales españoles, en especial desde Europa y Estados Unidos. Algunas de estas causas, como la Declaración de Independencia estadounidense o la Revolución Francesa.





España se levantó contra Napoleón el 2 de mayo de 1808.Este suceso facilitó la independencia de México y otros países de latino América. Así como las relaciones de convivencia de muchos de los máximos dirigentes independentistas, como Francisco de Miranda, José de San Martín, Simón Bolívar, Mariano Moreno, Carlos de Alvear, Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera Verdugo, Juan Pío de Montúfar y Vicente Rocafuerte, que se encontraron con frecuencia en Londres, así como los contactos que mantuvieron con los centros políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Ello les permitió equiparse ideológicamente, pero también les proporcionó la posibilidad de contar con apoyos exteriores y las necesarias fuentes de financiación para sus proyectos.






Ideas de los enciclopedistas y economistas: Durante el siglo XVIII comenzaron a extenderse por Europa las ideas de los enciclopedistas y de los fisiócratas los primeros hablaban de nuevos sistemas políticos con la soberanía del pueblo, libertad, tolerancia de la igualdad-tales eran los casos de Montesquieu, Voltaire y Rousseau, que ya no aceptaban el derecho divino de los reyes y querían la división de poderes. Los fisiócratas sostenían la libertad del comercio y la industria, pidiendo que se suprimieran barreras de aduana para que las mercancías fluyeran libremente sin la intervención del estado.





Otra de las causas externas. La Revolución Industrial que había triunfado en Inglaterra a fines del siglo XVII imponiendo el sistema maquinista sobre el artesanal y creando, además, una nueva clase social que fue la burguesía capitalista, la cual tuvo que hacer frente a los problemas del proletariado. Las potencias industrializadas tuvieron que competir por los mercados, al luchar por el abastecimiento de las materias primas




2.2 La invasión de Napoleón a España y su impacto en la colonia



Entre los años 1807 a 1812, Napoleón fue el amo de Europa. España y Francia habían firmado el Tratado de Ildefonso, representado por Godoy que era primer ministro de España. Con este tratado España y Francia se unieron en contra del Imperio Británico. Francia y España perdieron contra Inglaterra en al Batalla de Trafalgar, para Francia significo no poder invadir Inglaterra, pero para España supuso una gran crisis económica .Entonces Napoleón B. vio que el reinado de Carlos IV era muy débil y con el tratado de Fontainebleau, que firmaron con Godoy, donde permitían a Francia entrara con sus tropas en territorio español para poder ir a invadir Portugal por no apoyar a Napoleón, este aprovecho que sus tropas estaban invadiendo gran parte de España para conquistarla y hacer que el Rey Carlos IV abdicara en su hijo Fernando VII y enseguida este paso el poder al hermano de Napoleón, José Bonaparte o Pepe Botella. La familia real se retiró al sur.
En esos momentos el virrey de la Nueva España era Iturrigaray, las noticias de la invasión francesa a España llegó a por Veracruz, donde informaban por un periódico que llego de España donde informaban del motín de Aranjuez, del levantamiento del pueblo de Madrid. los españoles que estaban en México obligaron al virrey Iturrigaray que proclamara a Fernando de Borbón como rey de España y la Indias.
Se creó la Junta de México mientras el rey Fernando VII no se encontraba. Con la ocupación francesa España enfrentó una crisis internacional e interna. Las colonias americanas juraron lealtad a España y rey Fernando VII , pero el apoyo de lealtad empezaba a tener crisis porque el rey siempre estaba ausente, los criollos decidieron que España no tenía ningún derecho de ejercer en América. Entonces las colonias empezaron a tomar sus propias decisiones políticas. Los criollos aprovecharon la debilidad de España para declararle la independencia.




La Guerra de Independencia de España tenía un impacto grande en la caída del Imperio Español. Porque España era concentrada en la guerra con Napoleón, no se podía parar los movimientos de independencia en las colonias de las Américas. Venezuela era la primera colonia que ganó independencia en 1810, y en medio del siglo XIX, la mayoría de las colonias en las Américas eran independientes o tenían movimientos de independencia. La pérdida de la mayoría de sus colonias era un problema inmenso por los españoles. Antes de la guerra, España ya tenía muchas deudas, y la pérdida de las colonias no mejoró esta situación. También, el gobierno de España cambiaba mucho después de la Guerra Peninsular. En 1812, la primera constitución de España cambió el gobierno de monarquía absoluta a una monarquía con menos poder en las manos del rey. Cuando Rey Fernando VII era restablecido al trono de España en 1813, no le gustó, pero dijo que podía gobernar con las ideas de la Constitución de 1812. Sin embargo, después de cuatro semanas, rechazó la constitución. Aunque la monarquía era restablecida, era mucha turbulencia política en el país. La Guerra de Independencia de España causó muchos de los problemas que contribuyen al desmenuzado del Imperio español.





 




2.3 Insurgencia militar y política de 1811-1815





El 16 de septiembre de 1810 es la fecha que marca el inicio del movimiento armado dirigido por Miguel Hidalgo, quien fuera un simple sacerdote logró movilizar a una gran parte del pueblo mexicano con lo que se conoce como El grito de Dolores, ya que hizo un llamado a los habitantes de La Nueva España en la iglesia de Dolores, Hidalgo.
El Grito de Dolores es considerado el punto cronológico con que inicia la guerra de Independencia de México. Parroquia de Dolores Hidalgo.
José María Cleto Morelos y Pavón (Valladolid, Michoacán, 30 de septiembre de 1765 - Ecatepec, Estado de México, 22 de diciembre de 1815) fue sacerdote y militar insurgente mexicano, que organizó y fue el artífice de la segunda etapa (1811-1815) de la Guerra de Independencia de México Morelos convocó al primer congreso americano en 1813, en Chilpancingo, al que acudieron diputados de las provincias del naciente país, los cuales firmaron el Acta de Independencia de la América Septentrional y promulgaron la Constitución de Apatzingan un año más tarde, sobre la base del documento escrito por Morelos, intitulado Sentimientos de la Nación, (el Generalísimo que había rechazado ese título, se hizo llamar Siervo de la Nación) .

Acta de Independencia de México.
De esta manera, la revolución popular de independencia mexicana se hallaba muy lejos del triunfo. Agustín de Iturbide selló un pacto con Guerrero, jefe de los insurgentes surianos, en compañía de quien promulgó el Plan de Iguala en 1821.




Siglo XIX Agustín Cosme Damián de Iturbide y Aramburu Durante la primera época de la guerra por la independencia de México, Iturbide combatió a los insurgentes mexicanos como parte del ejército real español.


 
 


2.4-La guerrilla insurgente





Después de la muerte de Morelos, los grupos insurgentes lucharon de manera aislada; aproximadamente veinte mil rebeldes continuaron en pie de lucha. Las fuerzas más disciplinadas de los insurgentes se encontraban distribuidas de la manera siguiente: Manuel Mier y Terán en Tehuacán, Guadalupe Victoria en Puente de Rey, José Francisco Osorno en Zacatlán y losllanos de Apan, cada uno de ellos contaba con dos mil hombres; los hermanos Ignacio y Ramón López Rayón operaban con setecientos hombres en el cerro del Cóporo; en el sur Nicolás Bravo, Julián de Ávila y Pablo Galeana comandaban ochocientos hombres; mientras que Vicente Guerrero en la Sierra Madre del Sur, Ramón Sesma en Silacayoapan y Juan del Carmen en la zona de la Mixteca baja contaban con quinientos; en la Lago de Chapala persistían ochocientos hombres bajo los mandos deJosé Santana, Encarnación Rosas y del padre Marcos Castellanos; en Michoacán, Manuel Muñiz, Garza y Correa contaban con cuatro mil hombres; el presbítero José Antonio Torres (homónimo del insurgente que había tomado Guadalajara en 1810 y muerto en 1811) tenía reclutados ochocientos hombres en El Bajío; Víctor Rosales operó en Zacatecas con trescientos hombres.251 Adicionalmente comenzaron a destacar Pedro Moreno que se estableció en el cerro del Sombrero cerca de León, Patricio López en Santa Gertrudis, José Antonio Couto en las Cumbres de Maltrata, el doctor Ignacio Couto en el cerro Palmillas,Melchor Múzquiz en Monte Blanco, José María Villapinto en Boquilla de Piedras, y Pedro Ascencio junto con el cura José Manuel Izquierdo en el Cerro Goleta.





Durante esta etapa, el caudillo español Francisco Xavier Mina, de ideología liberal, organizó desde los Estados Unidos una expedición con trescientos hombres para apoyar la lucha de los independentistas, pues su objetivo personal era luchar contra el régimen absolutista de Fernando VII. Mina era un navarro que había luchado en su país y puesto en práctica la guerrilla en la región de los Pirineos en contra del absolutismo de la Corona española, huido a Francia y después a Inglaterra, donde conoció a Servando Teresa de Mier. Fue el fraile dominico quien lo entusiasmó respecto de la lucha por la emancipación de la Nueva España. Finalmente viajó a los Estados Unidos, desde donde se había embarcado para combatir del lado de los insurgentes novohispanos, entrando al país por la costa de Tampico.





Mientras los efectivos insurgentes habían disminuido considerablemente, en ese estado de cosas, las fuerzas realistas superaban los cuarenta mil efectivos. En la División de México el propio virrey Félix María Calleja contaba con dos mil seiscientos hombres; el coronel Manuel de la Concha en Apan tenía mil quinientos diez, el coronel Alejandro Álvarez de Güitán en la sección de Huejutla ciento cincuenta y uno; el brigadier Ciriaco del Llano en el Ejército del Sur contaba con seis mil seiscientos noventa y nueve; el mariscal de campo José Dávila en la División de Veracruz tenía seis mil cuatrocientos ochenta y dos; para la defensa de convoyes, el coronel Francisco Hevia contaba con novecientos sesenta y ocho; el coronel Cosme de Urquiola en la Isla del Carmen tenía trescientos treinta y nueve; el coronel José Gabriel de Armijo en la División de Acapulcocontaba con dos mil seiscientos cincuenta y un efectivos; en Toluca, el teniente coronel Nicolás Gutiérrez tenía doscientos ochenta y dos; en Ixtlahuaca el coronel Matías Martín y Aguirre, setecientos ochenta y siete; en Tula, el coronel Cristóbal Ordóñez, ochocientos ochenta y ocho; en Querétaro, el brigadier Ignacio García Rebollo, novecientos noventa y uno; el Ejército del Norte comandado por el coronel José Castro, tres mil ochocientos tres; el Ejército de Reserva del mariscal de campo José de la Cruz contaba con tres mil trescientos sesenta y tres; la División de las Provincias Internas de Oriente al mando del brigadier Joaquín Arredondo, tres mil novecientos ochenta y siete; la División de las Provincias Internas de Occidente al mando de mariscal de campo Bonavia, doscientos setenta y nueve; en la Antigua California, el capitán Argüello contaba con ciento nueve y en Nueva California el teniente coronel Pablo Sola tenía tres mil seiscientos cinco hombres. A esta fuerza, se debía agregar un número de realistas indeterminado que se encontraban en pueblos pequeño.












Para principios de 1820, aún continuaron existiendo focos de insurrección latentes en diversos puntos de Nueva España. En Nueva Galicia, Guanajuato y Michoacán persistieron los ataques de Gordiano Guzmán, Francisco y Encarnación Ortiz, y de los hermanos Bedoya. En el sur, Pedro Ascencio continuó siendo perseguido sin éxito por Juan Rafols, quien después de ser derrotado recibió refuerzos de las tropas de Toluca, Querétaro y Celaya. De cualquier forma, Ascencio, con ayuda del presbítero José Manuel Izquierdo, logró nuevas victorias en abril y mayo, siendo la más significativa la que tuvo lugar en Cerromel. Manuel de la Concha aprehendió a Nicolás Izquierdo padre del insurgente , el realista amenazó a José Manuel con la vida de su padre si no se sometía al indulto y ante la negativa giró la orden de fusilamiento. Por su parte, Vicente Guerrero, con la ayuda de José María Lobato, continuó atacando a las tropas de Gabriel de Armijo, impidiendo que éste pudiese plantear una verdadera ofensiva. Durante la época de lluvia las tropas insurgentes de Ascencio y Guerrero atacaron simultáneamente al capitán realista, quien prefirió renunciar a su puesto en el mes de noviembre.
 
 





2.5La consumación de la independencia












Al llegar 1820, muchos de los insurgentes habían sido derrotados, pero algunos se mantenían en pie de lucha. Los dirigían, entre otros Juan Álvarez, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero.





Los españoles y los criollos ricos habían estado en contra de Hidalgo y de Morelos, y en contra de las Cortes de Cádiz. Sin embargo, en 1820 también ellos creyeron llegado el momento de que la Nueva España se independizara. No estaban de acuerdo con las ideas de igualdad y de soberanía popular, ni les interesaba mucho mejorar las condiciones en que vivía la gente. Pero no querían obedecer la Constitución de Cádiz, que en España acababa de ser puesta nuevamente en vigor, así que decidieron apoyar la independencia. Si la Nueva España se hacía independiente, ellos podrían controlar la situación y mantener sus privilegios.





Ahora fueron los criollos ricos y los españoles quienes empezaron a conspirar, en la iglesia de La Profesa, en la ciudad de México. En esas reuniones se decidieron por la independencia; pero antes necesitaban pacificar el Virreinato. Para conseguirlo, lograron que el virrey enviara al coronel criollo Agustín de Iturbide a combatir contra Vicente Guerrero.





Iturbide intentó derrotar a Guerrero, pero el insurgente conocía tan bien las serranías del sur que no hubo manera de vencerlo. El virrey convenció al padre de Guerrero de que le ofreciera el perdón a su hijo y le pidiera que dejase la lucha; el caudillo contestó: "La patria es primero".





Entonces, en enero de 1821 Iturbide le escribió a Guerrero pidiéndole que se reunieran para hablar sobre la independencia. Lo hicieron primero en Acatempan y después en Iguala, donde Guerrero aceptó apoyar a Iturbide, pues con eso ya no habría obstáculos para alcanzar la libertad de la nación.

A los dos les interesaba completar la independencia. Guerrero era el continuador del movimiento iniciado por Hidalgo y por Morelos; Iturbide representaba los intereses de los criollos ricos y de los propios españoles que vivían en América y no querían ya depender de España.












El 24 de febrero de 1821, con el respaldo de Guerrero, Iturbide firmó un documento en que invitaba a todos los habitantes de la Nueva España a olvidar sus divisiones y a unirse para alcanzar la independencia. A este documento se le llamó Plan de Iguala o de las Tres Garantías.





Las tres garantías eran los motivos que los unían: religión única (la católica), unión de todos los grupos sociales, e independencia de México, que sería una monarquía constitucional.

A mediados de 1821 llegó a la Nueva España Juan O´Donojú, el último español enviado para gobernarla. O´Donojú se dio cuenta de que los mexicanos querían la independencia. Convencido de que no podría gobernar y de que era imposible cambiar lo que se había avanzado para la liberación del país, O´ Donojú firmó con Iturbide los Tratados de Córdoba, mediante los cuales reconoció la Independencia de México.





El 27 de septiembre de 1821, al frente del Ejército Trigarante, o de las Tres Garantías, Iturbide entró triunfante a la ciudad de México. Todo el país celebró la consumación de la independencia.

La rebelión que había comenzado en 1810 terminaba por fin. La nueva nación comenzaba su propia vida. Todos insistían en las riquezas de México y le profetizaban una vida esplendorosa. Pocos se daban cuenta de que la guerra lo había empobrecido; faltaban caminos y había grandes territorios deshabitados. La sociedad había quedado desorganizada y el desorden político era abrumador, se tenía que organizar un gobierno propio.





El 28 de septiembre de 1821 se instaló una Junta Provisional de Gobierno, encargada de redactar el Acta de Independencia y de organizar un congreso que decidiera la forma de gobierno para el país.
La situación era difícil. Habían muerto seiscientos mil hombres: casi la décima parte de la población y la mitad de los que trabajaban. Minas, campos y fábricas estaban abandonados; casi nadie pagaba impuestos y los gastos del gobierno aumentaban día con día, sobre todo para mantener al ejército.





Hasta entonces las tierras de los indígenas pertenecían a los pueblos y no a las personas. Las trabajaban entre todos los habitantes del pueblo y nadie podía venderlas. Como los indígenas no estaban acostumbrados a que la tierra fuera propiedad privada, la igualdad de todos los mexicanos ante la ley los dejó en desventaja frente a los criollos.

España no reconoció los Tratados de Córdoba que O' Donojú había firmado. No aceptó que México era independiente, y hasta 1825 siguió ocupando el fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz. Además de España, otros países europeos querían apoderarse de México, para explotar sus riquezas.

A los mexicanos les faltaban armas y dinero, y así tendrían que defenderse. Lo peor era que se encontraban divididos, porque no estaban de acuerdo en la forma de gobierno que debían adoptar: unos querían una república y otros una monarquía. De estos últimos, unos querían que reinara algún príncipe español, y otros que fuera coronado Iturbide.






España no aceptó enviar un príncipe al trono de México y eso reforzó las ambiciones de Iturbide, que quería ser emperador. Sus seguidores ejercieron mucha presión para que éste fuera coronado. Así, el Congreso lo declaró Emperador, con el nombre de Agustín I. La coronación fue muy elegante, pero el imperio duró apenas once meses, hasta marzo de 1823.








Unidad 3





3.1 Los primeros tiempos de organización y el imperio de Iturbide





La Guerra de independencia de México duró once años y distaba mucho de ser un movimiento homogéneo. Su propósito inicial era apoyar el regreso de Fernando VII como rey de España contra la invasión francesa, aunque después José María Morelos y Pavón y el resto de los caudillos insurgentes tomaron como causa la independencia total de Nueva España. La reacción española sofocó el ímpetu bélico de los primeros años, después de la ejecución de Morelos los insurgentes resistieron como guerrillas confinadas en pequeños territorios. Agustín de Iturbide se convirtió en el representante de una élite que vio amenazados sus intereses con la adopción de la Constitución de Cádiz. En vista de ello, decidieron pactar con los insurgentes y apoyar la separación de Nueva España.




En la ciudad de Córdoba2 se reunieron Agustín de Iturbide, jefe del Ejército Trigarante, y el último virrey que recién llegaba de España, Juan O´Donojú, se encontraron para firmar la independencia de la colonia. El 24 de agosto de 1821, ambos personajes se reunieron en el Portal de Zevallos y firmaron los puntos denominados Tratados de Córdoba, en los que se reconocía la independencia y la soberanía del territorio que antes representaba la Nueva España. La frase célebre de aquel encuentro es Supuesta la buena fe y armonía con la que nos conducimos en este negocio; creo que será muy fácil cosa que desatemos el nudo sin romperlo, dicha por Agustín de Iturbide.




Después de consumarse la independencia de México por medio del Plan de las Tres Garantías, la forma acordada de la organización de la naciente nación sería una monarquía constitucional, por lo que se funda el así llamado Imperio Mexicano, a la cabeza del cual queda el General Agustín de Iturbide. Agustín de Iturbide fue electo unánimemente Presidente de la Junta y luego Presidente de la Regencia del Imperio, pero por ser incompatible con el mando del ejército, y considerándose que debía conservar este último, se le nombró Generalísimo de las armas del imperio de mar y tierra. Después de la entrada del Ejército Trigarante, se disolvió el gobierno virreinal, y las fortalezas de Acapulco y Perote expresaron su rendición.




El previo virreinato de Nueva España pasó a ser una monarquía constitucional moderada llamada Imperio Mexicano. El Plan de Iguala, proclamado por Don Agustín de Iturbide amparaba tres garantías: la independencia de México, la conservación de la religión católica, y la unión de todos los habitantes de la Nueva España, refiriéndose a los mexicanos y españoles (después históricamente aplicado a los pueblos indígenas). El plan no cambiaba la situación social del país, sólo la política, dando más poder a los criollos y a los mexicanos, pero invitaban a un monarca europeo a tomar el trono del Imperio Mexicano. Ningún monarca lo haría, para evitar conflictos con España quien no reconocía la independencia de sus ex colonias americanas. Por eso Agustín de Iturbide fue proclamado emperador de México.




Bajo el gobierno de Agustín de Iturbide México tuvo su mayor extensión territorial, ganando las anexiones más o menos voluntarias de otras provincias que habían declarado su independencia de España. Provincias que podían no depender militarmente del virreinato de Nueva España, aunque sí políticamente. El Imperio mexicano consigue por solicitud de Iturbide la anexión de las provincias del Reino de Guatemala declaradas independientes de España.





Por el sur Yucatán y Chiapas también se declararon independientes y luego solicitaron su anexión. Por el norte, Nuevo México, La Alta California, Texas, Arizona y Nuevo León lograron su independencia y como dependencias políticas del Virreinato de la Nueva España se unieron al Imperio. Para finales de 1822, la bandera de las tres garantías ya ondeaba desde la frontera de Costa Rica en el sur, hasta el enorme territorio que comprende una línea imaginaria entre la Alta California hasta el río Mississippi. Únicamente quedaban afuera del Imperio, la parte central de la Intendencia de San Salvador, dominada por la misma ciudad de San Salvador, la cual fue anexada el día 9 de febrero de 1823, y también San Vicente.





Sin embargo, al término del gobierno conservador de Agustín de Iturbide y la ocupación militar parcial de Centroamérica, las provincias de esta región, dominadas ya por los liberales, se declaran independientes, quedando solo Chiapas baja anexión voluntaria a la República federal de los Estados Unidos Mexicanos. Por diferentes circunstancias y bajo otros gobiernos republicanos, la pérdida de territorios ha reducido México a menos de la mitad de su antiguo territorio.



Desde que se unió al Plan de Iguala, Antonio López de Santa Anna mantuvo una relación estrecha con Iturbide, quien lo nombró gobernador militar de Veracruz. Entablaron comunicación y amistad personal por medio de correspondencia durante más de un año. En octubre de 1822, Santa Anna, sin flota y sin artillería pesada, pretendió tomar el fuerte de San Juan de Ulúa. Debido a que el proyecto era de especial interés, Iturbide giró órdenes al general José Antonio de Echávarri para supervisar las operaciones, pero todo se trataba de una cadetada y el plan fracasó. El 16 de noviembre, Iturbide se trasladó a Xalapa con el pretexto de tomar las precauciones necesarias para la toma de San Juan de Ulúa, pero en realidad quería destituir a Santa Anna y conducirlo a la Ciudad de México. Durante esos días la emperatriz había dado a luz a un nuevo príncipe y el emperador regresó a celebrar el acontecimiento. No obstante, requirió la presencia de Santa Anna en México, pero este se rehusó. De acuerdo a la crónica de Carlos María Bustamante, el manifiesto de Santa Anna fue trazado por el ministro plenipotenciario Miguel Santa María, quien estaba por embarcarse a la Gran Colombia y había mantenido correspondencia con Joel R. Ponisett solicitándole interceder para que en Washington D.C. no se reconociera el gobierno de Iturbide.




Quien fuera para Santa Anna, el «amadísimo general», «dignísimo y particularmente amado emperador» se convirtió en «el déspota más injusto», «que en lugar de ser el libertador, se había convertido en un tirano».160 El 2 de diciembre, Santa Anna realizó una proclama a la población de Veracruz, entre sus enunciados destacaban:





1) Al emanciparse el país, se trató de buscar un gobierno fundado sobre los principios de igualdad, justicia y razón.




2) México eligió desde el principio el gobierno representativo, a través del Congreso que ha sucumbido ante la fuerza.




3) En nombre de la nación se proclama, en consecuencia, la República, bajo las condiciones que determine una asamblea representativa de la nación.




La respuesta del emperador fue inmediata: destacó a los generales José Antonio de Echávarri. José María Lobato y Luis Cortázar para someter la sublevación. El día 3 de diciembre, Santa Anna lanzó un nuevo manifiesto, pero esta vez dirigido a la Gran Nación Mexicana. En el documento expresó sus protestas por la disolución del Congreso, por la vulneración de la inviolabilidad de los diputados y por la incautación de bienes de propiedad privada, lo cual representaba quebrantar el juramento que el propio emperador había hecho. Desconcertado por las proclamas republicanas y por la agitación en Veracruz, Francisco Lemaur estableció comunicación con Santa Anna. Con el interés de proteger la fortaleza de San Juan de Ulúa pronunció su posición contraria a la tiranía. Santa Anna se reunió con Lemaur y convino un armisticio de mutua conveniencia. Echávarri y Lobato consideraron este acto como una traición a la nación.




El 6 de diciembre de 1822, Guadalupe Victoria salió de su refugio para secundar el movimiento. Conociendo el prestigio y popularidad del ex insurgente, Santa Anna optó por entregarle la jefatura. Juntos proclamaron el Plan de Veracruz, el cual estaba conformado por diecisiete artículos principales y veintidós adicionales, entre los más importantes se proponía: tener exclusividad de la religión católica, preservar la independencia, radicar la soberanía en el Congreso, declarar la nulidad de la investidura imperial de Iturbide por haber forzado la voluntad del Congreso y vigencia de la Constitución española hasta que el Congreso redactase una nueva. El día 9 de diciembre, Iturbide se dio cuenta de la peligrosidad ante la posible alianza de los rebeldes con los españoles de Lemaur. Al día siguiente, Santa Anna propusó a Echávarri unirse al movimiento republicano, pero el general consentido del emperador se negó haciendo pública su respuesta el día 16 de diciembre, en la cual increpaba al rebelde como falso republicano desenmascarando su intención velada de venganza contra el emperador, quien le había separado del mando de la provincia.




El 21 de diciembre, Santa Anna realizó un avance hacia Xalapa pero fue rechazado y vencido por el general Calderón. Obligado a replegarse, el 24 de diciembre se reunió con un grupo de 300 efectivos de Guadalupe Victoria en Puente del Rey y retomó el mando de la rebelión. Echávarri recibió refuerzos para sitiar a los rebeldes elevando su capacidad militar a 3 000 soldados, no obstante, retrasó el inicio del ataque, probablemente a causa de conversaciones entabladas a través de la logia escocesa. El día 26 de diciembre, despreocupado en la capital, Iturbide participó en el bautizo de su hijo Felipe de Jesús Andrés María de Guadalupe, cuya ceremonia llevó a cabo el obispo de Puebla. Mientras tanto, Santa Anna aprovechó nuevamente la popularidad de Guadalupe Victoria arengando a la población para engrosar sus filas y nombrándolo nuevamente general en jefe del movimiento los primeros días de enero.




El 5 de enero de 1823, los ex insurgentes Vicente Guerrero y Nicolás Bravo se trasladaron a Chilapa en las montañas del sur con la intención de sublevarse. Iturbide envió aEpitacio Sánchez y Gabriel de Armijo en su persecución. El 13 de enero de 1823, en el frente del sur, se desarrolló la Batalla de Almolonga. Las fuerzas rebeldes fueron derrotadas, resultando gravemente herido Guerrero, pero Epitacio Sánchez murió durante el combate. A pesar del éxito de las fuerzas imperiales, la insurrección se extendió de manera incontenible hacia la zona de Oaxaca.




Todavía el 22 de enero, Santa Anna reportó a Guadalupe Victoria haber sido atacado por los cuatro puntos cardinales por las fuerzas imperiales. Pero un giro radical aconteció cuando los generales Echávarri, Lobato y Cortázar firmaron el 1 de febrero de 1823 el Plan de Casa Mata. De acuerdo a Lucas Alamán la razón de este cambio de ideología obedeció a la influencia de las logias masónicas, de acuerdo a Santa Anna se debió al apoyo de Lemaur y de acuerdo a los análisis de Nettie L. Benson: «un trabajo fundamental ya había sido preparado», probablemente tras bambalinas, por Miguel Ramos Arizpe y José Mariano de Michelena.


   



3.2 Congreso y constitución de 1824




El día 13 de febrero, las Cortes españolas declararon ilegales, nulos y de ningún efecto, los Tratados de Córdoba. Los diputados americanos regresaron con la negativa de aceptación a la corona del Imperio mexicano por parte de los herederos borbonistas. Sin conocerse aún la noticia, se instaló el 24 de febrero de 1822 el Congreso Constituyente del Imperio.123 Los miembros formaron un grupo heterogéneo, destacando entre los liberales Servando Teresa de Mier, José María Fagoaga, el general Horbegoso, José Miguel Guridi y Alcocer y Carlos María Bustamante —quien fue nombrado primer presidente del Congreso—. Por los borbonistas se encontraba el obispo Castañiza.124 Los diputados casi de inmediato entraron en roces con la Regencia: el Congreso se autoproclamó único representante de la soberanía de la nación cuando Fagoaga preguntó: «¿La soberanía nacional reside en este Congreso Constituyente?» Acto seguido, y de acuerdo a lo preestablecido, se realizó la división de poderes, el Congreso delegó el Ejecutivo a la Regencia y el Judicial a los tribunales. Se redactó el juramento de la Regencia de la siguiente manera:




El Congreso citó a Iturbide y a los miembros de la Regencia para prestar el juramento. Durante el acto el generalísimo quiso tomar el asiento principal de la tribuna, pero el diputado Pablo Obregón le negó el lugar, pues este correspondía al presidente del Congreso. Desairado, el generalísimo pronunció un discurso inicial, realizó el juramento, y recordó al Congreso que se debería hacer la separación de cámaras, pero esta no se llevó a cabo. La oposición de republicanos y monarquistas se hizo evidente, los primeros aspiraban a una forma diferente de gobierno, los segundos, cuando se enteraron del rechazo en Madrid a los Tratados de Córdoba y que la nación podría escoger a su monarca, ya no deseaban la presencia de un Borbón en México, sino volver a la antigua dependencia peninsular.127 El Congreso prohibió los gastos no autorizados por él y eliminó los empréstitos forzosos. El presupuesto anual era de once millones de pesos, de los cuales casi diez millones estaban destinados a los gastos del ejército y marina. La tropa estaba conformada por 68 000 efectivos, es decir, casi el doble de los que se tenían en 1810.123 La reducción de estos gastos ocasionó una disputa abierta entre los diputados e Iturbide, pues el ejército era el baluarte de la Regencia. Iturbide retrasó la expedición de los decretos en materia fiscal.




El Congreso siguió sesionando diversos asuntos sin agenda establecida. Entre los acontecimientos más notables destacó la prisión de fray Servando Teresa de Mier, quien había sido electo diputado por Nuevo León, pero durante las elecciones se encontraba en Estados Unidos. A su regreso, desembarcó en San Juan de Ulúa y fue hecho prisionero por José García Dávila. Carlos María Bustamante, a la sazón presidente del Congreso, pidió a la Regencia actuar en consecuencia. Los reclamos no se hicieron esperar y Dávila accedió a liberar a Mier, aunque dilató la respuesta. El suceso fue aprovechado para revisar el caso de Guadalupe Victoria, quien también había sido elegido diputado por Durango, pero se encontraba prófugo y acusado de cargos de conspiración. Se solicitó un salvoconducto para que Victoria se pudiera presentar a ocupar su cargo, pero el proceso no se concluyó, por su parte, el ex insurgente prefirió mantenerse oculto en Paso de Ovejas.




La relación de Iturbide con el Congreso se volvió más tensa cuando el ministro de Guerra presentó un informe en el cual se solicitaba que el Ejército Imperial tuviese 35 900 efectivos, por su parte, los diputados José María Fagoaga y José Hipólito Odoardo protestaron ante tal requerimiento y propusieron una reducción a 20 000 efectivos. Durante el transcurso de las negociaciones, una contrarrevolución española había iniciado en el sureste de la capital. Iturbide irrumpió en el salón del Congreso fuera de protocolo y sin compañía de los otros miembros de la Regencia, cuando se le cuestionó el motivo, respondió que había traidores en la Regencia o en el Congreso. Posteriormente mostró una correspondencia de García Dávila, en la cual el comandante español de San Juan de Ulúa de forma vaga ofrecía el apoyo al partido español. Los diputados, al verse inculpados, acusaron a Iturbide de traidor, pues era él quien había mantenido la correspondencia con García Dávila durante la prisión de Servando Teresa de Mier. Los ánimos se crisparon: el diputado Melchor Múzquiz propuso la destitución de Iturbide, pero Fagoaga logró persuadirlo para desistir.



El generalísmo acusó a once diputados de traidores y envió a Epitacio Sánchez al mando de un regimiento de caballería para custodiar el Congreso. Los diputados temieron que éste sería disuelto. El Jueves Santo el Congreso se reunió para analizar la acusación a los once diputados, se llamó al ministro de Guerra y después de deliberar y con votación unánime, se determinó que los inculpados no habían desmerecido confianza alguna. Mientras tanto, el general Anastasio Bustamante, al mando de cuatrocientos hombres, había llegado a Tenango del Aire. En las cercanías de Cuautla pudo vencer a la tropa de españoles que había salido desde Texcoco para iniciar la contrarrevolución. Fueron hechos prisioneros cuarenta y cuatro oficiales y trescientos ochenta soldados. El Congreso felicitó a la Regencia por el triunfo obtenido, pero se determinó sustituir al obispo Pérez, al doctor Bárcena y a Manuel Velázquez, cuyos lugares ocuparon Nicolás Bravo, el conde de Heras y el cura de Huamantla Miguel Valentín.









Constitución de 1824





Tras la abdicacion de Agustín de Iturbide al Primer Imperio Mexicano, se estableció un Supremo Poder Ejecutivo formado por untriunvirato cuyos integrantes eran los generales Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, cuyos suplentes fueron José Mariano de Michelena, Miguel Domínguez y Vicente Guerrero. Este Supremo Poder Ejecutivo fue un gobierno provisional que convocó un nuevo Congreso Constituyente que se instaló el 7 de noviembre de 1823.




Dentro de los miembros del Congreso, se observaron dos tendencias ideológicas. Por una parte los centralistas entre quienes destacaron fray Servando Teresa de Mier, el padre José María Becerra y Jiménez, Carlos María de Bustamante, Juan José Ignacio Espinosa de los Monteros, Rafael Mangino y Mendívil, el padre José Miguel Guridi y Alcocer y otros. Por otra parte los federalistas, entre quienes destacaron Miguel Ramos Arizpe, Lorenzo de Zavala, Manuel Crescencio Rejón, Valentín Gómez Farías, Juan de Dios Cañedo, Juan Bautista Morales, Juan Cayetano Gómez de Portugal, Francisco García Salinas, Prisciliano Sánchez y otros.1 Años más tarde estas ideologías formarían el Partido Liberal y el Partido Conservador.




La tesis de Servando Teresa de Mier se oponía a dividir el territorio en estados independientes, pues consideraba que esto debilitaría a la nación, la cual necesitaba unión para hacer frente a eventuales intentos de reconquista de España la cual sería apoyada por otras naciones europeas. Sí bien era cierto que las colonias de Estados Unidos se habían unido en una federación, en México el concepto no necesariamente funcionaría, pues siempre habían existido las provincias con un gobierno central. Estaba la experiencia de Centroamérica que después de la disolución del Imperio y se les concedió a las provincias la categoría de Estados Libres, el 1 de julio de 1823 decidió no formar parte de la nueva república, y consideró que los gobiernos estatales tomarían una actitud egoísta provocando una desunión a manera de cacicazgos. Los que defendían la ideología federalista, argumentaron que era el deseo y voluntad de la nación constituirse de esta forma, y ejemplificaron la prosperidad estadounidense por adquirir este régimen, y en contraparte el fracaso de Iturbide.





El 31 de enero de 1824 se aprobó el Acta Constitutiva de la Federación, la cual era un estatuto provisional del nuevo gobierno. La nación asumió oficialmente la soberanía y se constituyó por estados libres, soberanos e independientes. Durante los siguientes meses, continuaron los debates constitucionales.




El 2 de octubre de 1824, Guadalupe Victoria fue declarado primer Presidente de los Estados Unidos Mexicanos para el período 1825 -1829.





El 4 de octubre de 1824 se realizó la solemne proclamación del pacto federal bajo el nombre de Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos.





El 8 de octubre de 1824, el Presidente y el Vicepresidente Nicolás Bravo juraron la Constitución.





Guadalupe Victoria asumió el cargo de presidente interino del 10 de octubre de 1824 al 31 de marzo de 1825. Su período constitucional en el cargo se inició el 1 de abril de 1825.






 







3.3Los conflictos entre federalistas y centralistas Y la dictadura de Santa Anna (1824-1853).



El México que nace en el siglo XIX era una nación de criollos y para criollos, sin tomar en cuenta los intereses de la mayoría mestiza o los grupos indígenas; medio siglo fue necesario para lograr definir lo que la Nación mexicana debía ser; los bandos Liberal y Conservador integrados en su mayoría por criollos lucharon para tratar de establecer un modelo de Nación basado en el ejemplo norteamericano, una República, Federal, Laica; o por mantener la tradición Hispánica, Católica , Monárquica y Centralista. Los constantes enfrentamientos entre los dos bandos provocaron guerras civiles, movimientos separatistas y facilitaron la invasión tanto de Norteamericanos que arrebataron la mitad del territorio en 1847, como de Franceses que impusieron a un gobernante extranjero desde 1862 hasta 1867.




La construcción del proyecto nacional se ha dado con base en una mezcla, a menudo conflictiva, de tradición y modernidad. Ambas perspectivas han coexistido antagónicas o complementarias; pero, al margen de sus connotaciones políticas específicas, se han mantenido como valores vigentes en el momento de definir y ejecutar las políticas gubernamentales.




En la historia de los siglos XIX y XX, a la modernidad se le ha concedido de cuando en cuando un valor de innovación per se. De ahí que los procesos de modernización suelan localizarse en las coyunturas de grandes transformaciones económicas, no necesariamente coincidentes con los ritmos del desarrollo cultural, que guardan una relativa independencia de ellos.




Al consumarse la Independencia en 1821, comienzan los esfuerzos para crear las leyes de la nueva nación, luego de tres siglos de dependencia del Imperio español. La legalidad de la Independencia quedó sancionada en el Plan de Iguala, que exhortaba a la unidad entre americanos y europeos (españoles residentes en México), como base de concordia para las tareas de reconstrucción política y económica. El documento libertador no pudo, sin embargo, conciliar los intereses contradictorios entre españoles peninsulares y españoles americanos (criollos), las dos fuerzas políticas y sociales más importantes de la época.




La lucha entre los grupos nacidos en España y en tierra americana cubre el primer período del México Independiente y termina con la paulatina expulsión de los peninsulares y de sus caudales, tan necesarios para la economía del país. Estas primeras luchas, que arrastraron a los otros sectores de la población, se dieron con la presencia destacada de las logias masónicas: escoceses, que representaron los intereses de las clases pudientes, y yorkinos, que aglutinaron a los insurgentes.




Los grupos políticos en disputa defendieron principios distintos para conducir el país: "orden público y religión" los escoceses, y "libertad y progreso", losyorkinos, lo que llevaría a una posterior formación de los partidos centralista y federalista, respectivamente. Los primeros contaron con el apoyo de los españoles y el clero y los segundos, con el de los Estados Unidos.




Como instituciones, la Iglesia y el Ejército fueron los actores sociales más importantes en las luchas que van de la consumación de la Independencia hasta el triunfo de la Revolución de Ayutla (1855) y la Guerra de Reforma (1857-1867). México conoció en ese período tres formas de organización política: Imperio de Iturbide, República Federal y República Centralista. España fue derrotada y expulsada, pero no las estructuras que había creado durante su larga presencia. Dejó como legado una sociedad compuesta por blancos, diversos grupos étnicos y mestizos, con distintos grados de educación, cultura, tradiciones y niveles económicos. Había heredado un ejército y una poderosa Iglesia, dueña de la mayor parte de las riquezas del país, en virtud del Regio Patronato Indio, que concedió a España la autonomía de Roma respecto a la política eclesiástica en el continente.




Caído el efímero Imperio de Agustín de Iturbide (1822-1823), que había conservado los fueros de la Iglesia y el Ejército, se inician los largos debates entre federalistas y centralistas. Por más de tres décadas controversias y luchas armadas prolongan la pugna por imponer uno u otro régimen. El primer triunfo político correspondió a los federalistas, que vencieron en el Constituyente de 1823, autor de la promulgación de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos en 1824. La Carta Magna convirtió a las provincias en estados independientes y soberanos en lo tocante a la administración interna. La excesiva autonomía otorgada a los gobiernos locales fue utilizada sin embargo por ellos para combatir al gobierno federal. El pacto federal dio fuerza a las milicias locales, bastante bien organizadas, que al mando de militares con frecuencia ambiciosos, sirvieron indistintamente a federalistas y a centralistas.




Dos movimientos armados nacidos desde el seno de la vicepresidencia pusieron en peligro el régimen federal. El primero lo encabezó Nicolás Bravo (1827), Vicepresidente de la República y alto jefe de la logia escocesa, que aunque no logró derrocar al presidente Guadalupe Victoria, sí abrió la primera brecha contra el régimen federalista. El segundo movimiento, enarbolado por Anastasio Bustamante (1829), provocó una nueva crisis al desplazar de la Presidencia a Vicente Guerrero y permitir el ascenso de Bustamante (1830). Este atrajo al clero y trató de restablecer el orden para atender los problemas económicos, atemperar las reacciones a las medidas drásticas emprendidas contra los liberales, y fortalecer su batalla contra la prensa. Sobre él pesaba principalmente la responsabilidad de haber patrocinado la muerte de Guerrero. Al final, Bustamante provocó tal oposición de los gobiernos locales, que éstos pusieron fin a su mandato.




En 1832 se levanta la guarnición de Veracruz al mando del general Antonio de Santa Anna, quien pide el regreso al poder de Gómez Pedraza. La imposición de éste fue el puente para la toma de la primera magistratura por parte del propio Santa Anna (1833). Su gobierno tuvo como vicepresidente a Valentín Gómez Farías, liberal con un gran prestigio de honestidad, que decretó La reforma eclesiástica militar (1833-1834) destinada a combatir los fueros de la Iglesia y el Ejército.




Gómez Farías se convierte en el iniciador de la primeras Leyes de Reforma contra la Iglesia: incautación de los bienes del clero, secularización de la enseñanza y administración del patrimonio de la Iglesia. La reacción al programa reformista fue violenta, como era de esperarse, dadas las afectaciones que implicaba. Santa Anna regresa de su hacienda (Manga de Clavo), abroga las leyes anticlericales y acaba por expulsar a Gómez Farías, suprimiendo la Vicepresidencia. Con este acto se abre el camino a la nueva constitución centralista, Las Siete Leyes (1835-1836), que reemplazó a la de 1824. Los Estados se transforman en departamentos y sus rentas pasan a disposición del gobierno central, que contribuye a que ocurran sucesos de especial trascendencia, como la Independencia de Texas (1836), la primera guerra con Francia (1838-1839) y la separación del estado de Yucatán (1841).




La República centralista vive en crisis recurrentes. Se suceden los presidentes y los levantamientos. La economía está en ruinas. Apenas terminada la guerra contra Francia, Mariano Paredes y Arrillaga encabeza un movimiento reaccionario (1841) contra el régimen conservador del presidente Anastasio Bustamante, que fue aprovechado por Santa Anna para llegar al poder y gobernar como dictador. En un contexto de violencia armada, se proclaman las Bases Orgánicas (1843) que centralizan en forma absoluta en el Poder Ejecutivo la administración de las provincias. Ni con el bloqueo norteamericano de Veracruz ceden las luchas entre los bandos.




En 1846 un pronunciamiento, esta vez federalista, encabezado por José Mariano Salas, pone fin al centralismo. Tras una breve estancia en el poder, Salas ofrece la primera magistratura a Santa Anna, quien la deja en manos de Gómez Farías mientras sale a combatir la invasión estadounidense (1846-1848) al mando de un ejército de más de 14 mil hombres. De acuerdo con los Tratados de Guadalupe (1848), que pusieron fin a la contienda intervencionista, México perdió Texas, Nuevo México, Arizona y la Alta California. Ante el estrepitoso desastre, Santa Anna huyó al extranjero.




Aunque la guerra había conmocionado al país, todavía no se lograba crear una auténtica conciencia nacional, pero sí era evidente que ya se estaba planteando en algunos sectores la necesidad de unificar al país y tranformarlo, conduciéndolo a la modernidad. Esta tarea no pudo efectuarse inmediatamente después de la guerra, cuando los liberales moderados ascendieron al poder, en el que permanecerían hasta ser expulsados por el cuartelazo de 1852.




Los centralistas que se pronunciaron demandaron el regreso de Santa Anna, quien asumió el poder llevando a Lucas Alamán como jefe del gabinete. La muerte de Alamán dejó a Santa Anna cómo único dueño del poder y de la Nación. El Consejo de Estado le concedió entonces facultades absolutas y el título de "Alteza Serenísima", lo que le permitió establecer una dictadura de corte monárquico en extremo onerosa para la nación.




Santa Anna fue expulsado del escenario político que había dominado durante tres décadas, por la revolución triunfante de Ayutla (1854-1855). Esta capacidad de permanencia, representando a fuerzas políticas opuestas, hace de Santa Anna una figura única en la historia de México. Carismático, gobernó el país con los fusiles, con el Congreso y sin él, con el apoyo del pueblo y sin su consentimiento, alcanzando la Presidencia en once ocasiones. Sujeto a múltiples controversias, héroe para unos y traidor para otros, fue el hombre indispensable para resolver o intentar resolver las situaciones contingentes de la Nación.




Enarboló la bandera republicana contra Iturbide y traicionó a la República para instaurar su propia dictadura de corte monárquico. Con él inicia y concluye el ciclo de las luchas federalistas y centralistas, que a partir de Ayutla se entablarán entre liberales y conservadores, republicanos e imperialistas, hombres distintos de una misma batalla entre lo viejo y lo nuevo para forjar una nación que no acababa de encontrarse a sí misma.




El Plan de Ayutla no fue un pronunciamiento más para derrocar, en ese caso, a Santa Anna. Estuvo dirigido contra los gobiernos tiránicos que quisieron encarcelar el movimiento de 1810 en temas como "o encierro, o destierro, o entierro". Aunque proclamado por el coronel Tilorencio Villarreal, sus impulsores fueron el General Juan Alvarez, caudillo del movimiento, que gozaba de gran popularidad, y el liberal moderado Ignacio Comonfort, que dio un giro social al movimiento apoyado por la población.




La transformacion de Nueva España a México no iba a ser fácil. España desconoció hasta 1836 la independencia de su colonia y esto hizo que aumentara el fervor de libertad en las principales ciudades. Luego de firmar Iturbide los Tratados de Córdoba, en los que México se declaró independiente, empezó la polarización de políticos y militares mexicanos. Había en el recién nombrado congreso constituyente representantes monárquicos o borbonistas, republicanos e iturbidistas.




Iturbide se coronó emperador gracias a un tumulto compuesto por el ejército y la plebe que pidió la corona para Agustín I el 18 de mayo de 1822, y de esta forma presionó al Congreso para instituir el Imperio como nueva forma del Estado. La oposición republicana no tardó en exacerbarse, en Michoacán se descubrió un complot para formar la República y, en consecuencia, se detuvo a quince diputados, entre ellos a Servando Teresa de Mier y a Carlos María de Bustamante.2




Iturbide disolvió el Congreso el 31 de octubre por considerar que su ideología liberal y republicana era utópica; en su lugar, designó a cuarenta y cinco diputados partidarios suyos. Los antiguos insurgentes Nicolás Bravo, Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria se sintieron traicionados, Santa Anna reapareció en la vida pública, emitió el Plan de Veracruz y poco tiempo después el Plan de Casa Mata, declarando ilegal la elección del emperador y pronunciándose a favor de los republicanos. Los borbonistas también se unieron al levantamiento. El general Echevarri, quien fue designado para combatir la rebelión a Jalapa, también decidió unirse en contra del imperio. Iturbide sólo fue apoyado por el clero y decidió abdicar.2




Desterrado Iturbide en 1823 y restaurado el Congreso, comienzan las pugnas entre centralistas y federalistas, a los que Santa Anna se une de inmediato. En esta ocasión fracasa un levantamiento que surgió en San Luis Potosí. Santa Anna, como su principal comandante, es enviado a la ciudad de México para ser juzgado; por influencias que tenía en la Corte, fue absuelto.


Durante los primeros años del México independiente, los acontecimientos ayudaron a Santa Anna en su imparable ascenso. Los levantamientos de 1827 le dieron la posibilidad de ponerse del lado del gobierno de forma sorprendente, puesto que la participación de su hermano Manuel del lado rebelde, hacía suponer que Santa Anna se retiraría de su hacienda en Veracruz para apoyarlo. La suerte de los dos hermanos fue muy distinta a raíz de este acontecimiento: mientras Manuel era desterrado, Antonio obtenía el gobierno de Veracruz.



Poco más tarde se le brindó una nueva oportunidad. La convocatoria a las elecciones de 1828 nacía con la controversia entre las posturas representadas por Manuel Gómez Pedraza y Vicente Guerrero. Los partidarios del primero se oponían a hacer efectiva la expulsión de los españoles restantes en el país. Apenas once días después de que Gómez Pedraza ganara las elecciones, Santa Anna se rebeló, exigiendo la sustitución del presidente electo por el general Vicente Guerrero , inaugurando con esto el inicio de las interminables guerras civiles en el país naciente.



La variedad de recursos con los que contaba Santa Anna para financiar su levantamiento fue amplia. Se cuenta que, necesitado de dinero, se apoderó del convento de San Francisco de Oaxaca, disfrazó a sus soldados de frailes y convocó a misa. Una vez en la iglesia, mandó cerrar las puertas y, por medio del secuestro, exigió a los ricos presentes un rescate, con lo que consiguió los fondos suficientes.


Nombrado presidente Guerrero, Santa Anna tomó las riendas del ejército nacional.


En 1829, una expedición española desembarcada en Tampico, comandada por el brigadier Isidro Barradas que tenía por objetivo la reconquista de México, fue derrotada por Santa Anna, que desde entonces se hizo llamar El Héroe de Tampico.



Al ser derrocado el gobierno de Guerrero por Anastasio Bustamante, Santa Anna hizo un pacto con Gómez Pedraza (el presidente que había derrocado años atrás), para que éste alcanzara la presidencia de 1830 a 1833 mediante nuevos levantamientos. En 1833, Santa Anna alcanza por fin la presidencia.



Al ocupar la presidencia de nuevo, Santa Anna sufrió un nuevo revés, al suscitarse de nuevo la cuestión texana.




Cuando en 1843, Estados Unidos planteó la incorporación de Texas a su territorio, Santa Anna intentó zafarse de la escena política para no sufrir descalificaciones de la opinión pública. Puso de pretexto la muerte de su esposa Inés García para retirarse de la presidencia mientras pasaba el furor público por la anexión de Texas a los Estados Unidos.



A los cuarenta días de luto por su mujer, Santa Anna volvió a casarse, escándalo que contribuyó a aumentar su descrédito en un momento en que se le recordaba su anterior episodio en Texas y se le pedían responsabilidades. El retiro de la escena política en ese momento lo pagó con un largo exilio en La Habana.



 


3.4 Conflictos internacionales




Primera Intervención francesa en México






Tuvo lugar del 16 de abril de 1838 al 9 de marzo de 1839. Las operaciones de la Guerra de los Pasteles se enmarcan dentro de un intento francés de conseguir privilegios económicos en Hispanoamérica. Produciéndose previamente bloqueos a Buenos Aires (Argentina) y sobre Uruguay el 28 de marzo de 1837; bloqueo que se completó con la organización de un ejército insurgente contra Uruguay, que junto con el bloqueo marítimo acabó tomando la capital de Uruguay (el presidente de Uruguay renunció y se fue a Buenos Aires). Como explicaba una carta del viceconsul francés Aimé Roger al primer ministro de Francia, el objetivo de este primer bloqueo era "Infligir a la invencible Buenos Aires un castigo ejemplar que será una lección saludable para todos los demás estados americanos corresponde a Francia hacerse conocer si quiere que se la respete."




En 1827, se había celebrado un convenio con Francia bajo el nombre de Declaraciones Provisionales, que sentaban las bases para el futuro arreglo de las relaciones entre ambos países. A través del barón Deffaudis, embajador francés, los comerciantes franceses avecindados en México enviaron una serie de reclamaciones, que fueron recibidas en París con alarma. Entre estas reclamaciones, se encontraba la del señor Remontel,2 dueño de un restaurante de Tacubaya, donde algunos oficiales del presidente Santa Anna en 1832 se habían comido unos pasteles sin pagar la cuenta (posiblemente fue por daños al restaurante), por lo cual exigía ser indemnizado con sesenta mil pesos.1 Ese fue el motivo para que el pueblo mexicano identificase esta guerra con Francia con el nombre de Guerra de los Pasteles. Adicionalmente ese mismo año, un ciudadano francés fue fusilado en Tampico, acusado de piratería, lo que tensó aún más las relaciones entre los dos países.1 México en 1836 había acabado la guerra con Texas, y el 28 de diciembre España reconoce finalmente la independencia de México (lo que eliminaba el problema de atacar un territorio reclamado por un país amigo), y llegado el año de 1838 aún no se había podido concertar un tratado definitivo en virtud de que el representante francés, el barón Deffaudis no estaba de acuerdo con dos artículos del convenio. En consecuencia Daffaudis abandonó su misión diplomática en México y regresó a Francia, para volver al poco tiempo (marzo) acompañado de diez barcos de guerra que apoyaban las reclamaciones de su gobierno. Fondearon frente a laIsla de Sacrificios, Veracruz, amenazando con invadir el territorio mexicano si México no cumplía las condiciones que Deffaudis plasmó en un ultimátum, que vencía el 15 de abril.




Desde uno de los barcos envió Deffaudis el ultimátum en el que presentaba las reclamaciones de los súbditos franceses en México, por los perjuicios sufridos en sus personas y propiedades durante los movimientos revolucionarios ocurridos en el país.




Como el gobierno de Anastasio Bustamante se negara a tratar con Deffaudis mientras hubiera fuerzas navales francesas frente a Veracruz, el comandante de éstas, almirante Bazoche, declaró bloqueados todos los puertos delGolfo, incautó a las naves mercantes mexicanas, comenzando un bloqueo que duraría ocho meses, desde el 16 de abril de 1838 fecha en que se rompieron las relaciones entre ambas naciones.




Al ver que México no cedía ante la presión de tener sus dos principales fuentes de ingresos fiscales bloqueadas, Francia envió en octubre veinte barcos más al mando del contralmirante Charles Baudin, veterano de las guerras napoleónicas, con el carácter de ministro plenipotenciario del gobierno francés y se reunió en Jalapa con el ministro de relaciones interiores y exteriores de México don Luis G. Cuevas para efectuar negociaciones.




En el último proyecto de bases para el arreglo, el plenipotenciario reclamaba del gobierno mexicano la celebración de un tratado de amistad, comercio y navegación entre los dos países que concediera derechos preferentes a los franceses.




Además, México debería pagar a Francia, en el término de treinta días, la cantidad de 800 000 pesos que se aplicarían del modo siguiente: seiscientos mil para la liquidación general de los daños sufridos por los franceses y doscientos mil como indemnización de los gastos de la flota francesa anclada en la costa mexicana.





Como no fueron aceptadas tales demandas por el gobierno mexicano, la flota francesa abrió fuego contra el fuerte de San Juan de Ulúa (Batalla de San Juan de Ulúa) y la ciudad de Veracruz el 27 de noviembre de 1838, por lo que al día siguiente capitularon ambas entidades, comenzando la guerra.




El gobierno de México reprobó ambas capitulaciones y expidió un decreto el 30 de noviembre anunciado que se declaraba la guerra al Rey de Francia e inmediatamente pidió a Santa Anna que se pusiera al frente de las tropas e iniciara la ofensiva contra los franceses.




Santa Anna llegó a Veracruz y se dispuso a defender la ciudad, enviando una comunicación a Baudin informándole que no habían sido aprobadas las capitulaciones. En respuesta el contra almirante ordenó que una columna de 1000 hombres con artillería desembarcara con el propósito de aprehender a Santa Anna, y el 4 de diciembre consiguió desembarcar en Veracruz. Éste, al darse cuenta del desembarco reunió algunas fuerzas y entabló la lucha sin resultados definitivos para una u otra parte.




Ante estas condiciones, Baudin ordenó el embarco de sus tropas, que fueron perseguidas por los mexicanos hasta el muelle, donde los franceses, al disparar un cañón, pudieron detenerlos, resultando herido en una pierna el propio Santa Anna.




Baudin ordenó a continuación que la artillería naval hiciera fuego sobre la ciudad, por lo que Santa Anna dispuso la evacuación del puerto, retirándose hasta Pocitos (a una legua de la ciudad).




El bloqueo dañaba seriamente la economía mexicana y hacía al país dependiente del contrabando a través de Texas. No obstante, el gobierno tejano, temiendo que fueran incluidos en el bloqueo, organizó la captura de los contrabandistas mexicanos y el 6 de septiembre de 1837 negoció con Francia - por medio de Estados Unidos - para que estos enviaran un barco a reforzar el bloqueo francés contra México, a cambio de que el bloqueo no perjudicara los intereses de Texas. Tras esto, y como consecuencia de que México no aceptaba las exigencias francesas, se enviaron 20 barcos más al mando del contralmirante Charles Baudin, que llegaron en octubre y exigieron a México la compensación por los gastos del bloqueo.




Sin embargo, puesto que Francia había bloqueado a otros países europeos el acceso a uno de los mercados más importantes de América, al mes de haber iniciado los combates en tierra, con el propósito de mediar en el conflicto la marina británica destacó a la Flota de las Indias Occidentales, logrando que Francia suspendiera su agresión. El mediador fue el inglés Richard Pakenham, quien consiguió reunir a los representantes mexicanos Guadalupe Victoria y don Eduardo Gorostiza con el contraalmirante Baudin. El9 de marzo de 1839 se firmó un tratado de paz, en el cual México se comprometía a pagar las indemnizaciones (seiscientos mil pesos en total), pero no así a mantener las garantías exigidas para los extranjeros en el futuro. Francia retiró, a cambio, la flota invasora, desistió de la indemnización a los gastos de guerra y al desconocimiento lasDeclaraciones Provisionales de 1827, devolviendo además las naves incautadas.



















La guerra con estados unidos




fue un conflicto bélico que enfrentó a México y a los Estados Unidos entre 1846 y 1848. Este conflicto armado se inició por las pretensiones expansionistas de los Estados Unidos de América, cuyo primer paso fue la creación de la República de Texas a la que el gobierno mexicano consideraba un territorio rebelde que podía reconquistar sobre una parte del territorio deCoahuila, Tamaulipas, Chihuahua y Nuevo México; este hecho, sumado a la demanda de indemnización al gobierno mexicano por los daños causados en Texas durante la guerra de independencia de ese antiguo territorio coahuilense y los intereses estadounidenses en adquirir los territorios de Alta California y Nuevo México, provocaron la invasión al territorio mexicano por parte del ejército estadounidense.




La guerra se inició cuando el Presidente James Knox Polk quiso preservar el nuevo territorio adquirido (La República de Texas convertida en el Estado de Texas) enviando al ejército estadounidense, el cual debía apostarse en la supuesta frontera con México. El presidente estadounidense dio órdenes a sus tropas de traspasar el río de las Nueces hasta llegar al río Bravo. Texas, cuando aún era República, había intentado extender su frontera original (el río Nueces) hasta el río Bravo (que eran territorios del estado mexicano de Tamaulipas) mediante el Tratado de Velasco que había firmado el prisionero General Antonio López de Santa Anna y que no fue reconocido por México.




Al internarse las tropas estadounidenses en el territorio en disputa entre México y Texas, fueron atacadas y así dio inicio la guerra. La invasión comenzó en varios frentes: en el territorio de la Alta California operaba, aún antes de la declaración de guerra, un grupo de filibusteros estadounidenses y la marina de Estados Unidos en el Océano Pacífico, una fracción del ejército de los Estados Unidos se lanzó hacia el territorio de Nuevo México, otra, con refuerzos del norte avanzó hacia el sur por Tamaulipas y Nuevo León hasta que fue detenida; posteriormente el contingente más importante y mejor reforzado desembarcó en el Puerto de Veracruz y avanzó hasta la capital de México.




Los Territorios de Nuevo México, Alta California, Baja California y los estados de Coahuila, Veracruz, Puebla y el Estado de México fueron ocupados. A los puertos marítimos de otros estados se les aplicó un bloqueo naval. El ejército mexicano estaba al mando del General Antonio López de Santa Anna hasta la ocupación de la capital de la República. Dando término a las acciones bélicas se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo donde México reconoció la independencia de la República de Texas, fijaba la frontera de ese estado en el río Bravo y cedia los territorios de la Alta California y Nuevo México a Estados Unidos. Como compensación, los Estados Unidos pagarían 15 millones de dólares por daños al territorio mexicano durante la guerra




a desde 1809 se habían observando pretensiones expansionistas por parte de los Estados Unidos. El Virrey de la Nueva España(México aún no era independiente) de aquel entonces inicia negociaciones con el gobierno de Washington para precisar límites entre la frontera norte novohispana y Estados Unidos. De esta manera consideraba que se frenarían los ímpetus de este país. Las gestiones del ya frágil gobierno virreinal español (que en plena guerra de la independencia española contra Francia iba perdiendo el control sobre sus colonias en América) concluyen con la firma del Tratado Adams-Onís, por el que España cede Florida, ya ocupada por tropas estadounidenses; a cambio Estados Unidos se compromete a no hacer más exigencias territoriales (Francia también les había vendido la Luisiana en 1803).




En 1821 México consiguió su independencia de España. En 1822, el gobierno estadounidense reconoce a México como nación independiente y envía a Joel Roberts Poinsett como representante para firmar un tratado de amistad y comercio. Se firma un tratado de límites, pero el gobierno de Estados Unidos intenta anexionar Texas en 1825 ofreciendo un millón de dólares por la compra del estado. La propuesta se elevó a cinco millones dos años después, pero en ambos casos fue rechazada por México.




Hacia 1834 miles de colonos estadounidenses se habían establecido en Texas, que formaba parte de México, con el permiso del gobierno mexicano; Moses Austin fue el principal promotor de llevar emigrantes anglosajones a Texas, aunque también había colonos franceses de Luisiana y de la Florida, y la hazaña fue terminada por su hijo, Stephen F. Austin, el llamado "padre de Texas". Esta corriente fue alentada y apoyada también por Andrew Jackson cuyo antiguo colaborador, Samuel Houston, jugó un papel importante en el desenlace de esta invasión pacífica.




A los mexicanos les parecía injusto que los colonos estadounidenses hubieran recibido tierras gratis en Texas con unas condiciones que ellos consideraban generosas mientras que a los colonos les resultaban injustas u onerosas, como la prohibición de tener esclavos que era ilegal en México, la obligación convertirse en católicos, y además, acostumbrados a impuestos bajos y a una mayor libertad de comercio. Cuando se terminó el período de importación libre que les había concedido el gobierno mexicano, se negaron a pagar tributos y apoyaron el contrabando de productos mucho más baratos que traían naves estadounidenses a través del Golfo de México. La subida al poder de Antonio López de Santa Anna, que estableció un régimen centralista y represivo y pretendió el desarme obligatorio de los colonos, empeoró la situación más adelante.




Algunos prominentes generales como Manuel Mier y Terán, que era general comandante de los Estados Internos de Oriente, hicieron que el congreso de México en los tiempos en los que gobernó Anastasio Bustamante aceptara una serie de propuestas entre las que figuraban las siguientes:




Que Texas fuera habitada por españoles mexicanos.




Establecer el comercio entre Texas y Veracruz, utilizando los puertos de Galveston y Veracruz




Establecer Fortines entre Texas y los Estados Unidos











Sin embargo, el proyecto nunca prosperó y las pocas medidas tomadas desaparecieron hacia 1832.




Texas declaró su independencia de México en 1836, habiendo un único mexicano, Lorenzo de Zavala, participante en ella, siendo todos los demás «texanos mexicanos rebeldes» (originarios de varios y diversos estados de Estados Unidos). Tras sufrir varias derrotas (la más conocida fue la batalla de El Álamo), los rebeldes vencieron finalmente a las tropas al mando deSanta Anna en la batalla de San Jacinto, capturando al presidente; este firmó en prisión el Tratado de Velasco, en el que reconoció la independencia del nuevo estado y la frontera del río Bravo. México desconoció la validez del Tratado, la independencia de Texas y el nuevo límite fronterizo (el límite entre los estados de Tamaulipas y Texas era el río Nueces). En los años siguientes se produjeron algunas incursiones militares de tropas mexicanas que llegaron a ocupar San Antonio pero que acabaron replegándose en cada ocasión al sur de río Bravo.




En 1845 Texas ingresó como parte de Estados Unidos con categoría de estado y ese evento desencadenó los sucesos que habrían de conducir a la guerra. Ese mismo año crecieron las tensiones entre los dos países sobre estos territorios cuando el gobierno de EE.UU. ofreció pagar la deuda mexicana a los colonos estadounidenses si México permitía que EE.UU. le comprara los territorios de Alta California y Nuevo México, siendo rechazada la propuesta por el gobierno mexicano, rompiéndose las relaciones diplomáticas entre ambos países vecinos y se retiró de Washington el representante del gobierno mexicano, Juan Nepomuceno Almonte.




El envío de tropas por el presidente estadounidense James K. Polk al territorio disputado en la frontera texana, entre el río Bravo y el río Nueces, acabó desembocando en el primer enfrentamiento entre tropas de ambos países, que se produjo el día 25 de abril de 1846 al norte del río Bravo, en el lugar llamado Rancho de Carricitos, cuando una patrulla estadounidense de 63 hombres, al mando del capitán Seth Thornton que estaba en misión de exploración fue emboscada por fuerzas al mando del general Anastasio Torrejón.




Este enfrentamiento le dio a James Polk el motivo para pedir la declaración de guerra contra México, por lo que el Congreso de Estados Unidos declaró la guerra a México el día 13 de mayo de 1846, lo que le permitiría conservar Texas y apropiarse de los codiciados territorios de la Alta California y Nuevo México como indemnización de guerra. Finalmente se terminaría el enfrentamiento armado y la invasión de casi todo el territorio mexicano con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo y la desocupación de la capital de México a partir del 2 de febrero de 1848.




El Tratado de Cahuenga, firmado el 13 de enero de 1847 en Los Ángeles, finalizó las disputas en California. El nuevo gobierno encabezado por Manuel de la Peña y Peña inició las negociaciones de paz con los Estados Unidos que culminaron con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en la villa homónima (hoy parte de la Ciudad de México) el 2 de febrero de 1848. El tratado fue redactado en su totalidad por Estados Unidos y otorgó a este país el control sobre Texas, el territorio en disputa entre México y Texas que comprendía toda la tierra al norte del Río Bravo y los territorios conocidos como Alta California y Santa Fe de Nuevo México, apropiándose de lo que hoy son los Estados de Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado,Wyoming, Kansas y Oklahoma (lo que se conoce como Cesión Mexicana). Para México significó la pérdida de más de 800.000 millas cuadradas (más de 2.100.000 km²) de tierra, el 55% de su territorio de entonces. A cambio, Estados Unidos le daría 3 pagos, 15.000.000 dedólares como gastos de guerra y cubriría los daños sufridos por sus connacionales en México.




Los territorios anexionados contenían aproximadamente 7.000 habitantes mexicanos en Alta California y cerca de 100.000 habitantes en Nuevo México, aunque esta cifra sólo incluye los de origen español. Muchas tribus indígenas hablaban español y no se contabilizaban en esos censos, por lo que es probable que la cantidad real de habitantes fuera mayor.




México perdió el 55% de su territorio durante la guerra, cediéndolo a Estados Unidos. Santa Anna huyó exiliado a Venezuela. En EE.UU., la victoria en la guerra trajo un surgimiento de patriotismo y con la adquisición de los territorios al oeste —en 1846, Estados Unidos había adquirido la parte sur de Oregón— parecía cumplirse con las creencias del «destino manifiesto».




Mientras que el filósofo y escritor Ralph Waldo Emerson rechazó la guerra como un «medio de obtener el destino de Estados Unidos», tuvo que aceptar que «la mayoría de los grandes resultados de la historia se han logrado por medios indignos». La guerra hizo de Zachary Taylor un héroe nacional, un partidario whig sureño, quien fue elegido como presidente en las elecciones de 1848.




Sin embargo, este período de euforia nacional no duraría mucho tiempo. La guerra había sido ampliamente respaldada en los estados sureños pero fue rechazada por los estados del norte. Esta división se desarrolló extensamente debido a las expectativas de cómo la expansión de Estados Unidos afectaría al tema de la esclavitud.




En ese tiempo, Texas reconoció la institución de la esclavitud, pero México no lo hizo (la esclavitud estaba prohibida en México desde la firma de la constitución federal de 1824). Muchos abolicionistas (antiesclavistas) norteños vieron la guerra como un intento de expandir la esclavitud y asegurar su influencia continua en el gobierno federal por parte de los dueños de esclavos. El escritor estadounidense Henry David Thoreau publicó su ensayo Desobediencia civil y rehusó a pagar impuestos para solventar la guerra debido a que la consideraba una guerra injusta y de intereses imperialistas.




Durante el primer año de la guerra, el congresista demócrata David Wilmot introdujo una ley que prohibía la esclavitud en cualquier territorio capturado de México. Esta ley, que se conoció como el Proviso (cláusula) Wilmot, causó una protesta inmediata de los sureños en ambos lados del congreso.




Para los sureños parecía que el norte estaba dispuesto a abandonar la paridad dentro del senado y la cláusula de Wilmot encendió la hostilidad entre las dos secciones. La ley por sí misma fue aprobada por la Casa de Representantes pero falló en el Senado, con ambos votos en las líneas seccionales.




En 1848 los demócratas (pro esclavistas) propusieron una nueva solución al tema de cuáles territorios podrían tener permiso de esclavitud, conocida como «soberanía popular». Esto permitía a los votantes dentro del territorio a determinar por ellos mismos si permitirían la esclavitud dentro de su territorio. El Acta de Kansas-Nebraska en 1854 hizo más popular la soberanía popular de las tierras, deshaciendo el Compromiso de Misuri. En protesta de estas acciones, el Partido Republicano se organizó ese año con oponentes de la expansión de la esclavitud.